Caleta de problemas
- Casi 200 trabajadores de mar viven con incertidumbre. No saben qué pasará con ellos. No hay merluzas, los barcos de arrastres arrasan con todo, no hay dinero. Simplemente, están desesperados por ayuda.
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En un barrio dominado por las universidades se encuentra la Caleta Portales. Caleta que alberga a 180 pescadores, los que en este momento no la están pasando nada de bien. El por qué. La pesca de arrastre ha dejado a los artesanales sin merluzas y con pérdidas incalculables, en lo monetario y en lo laboral.
70 botes amarillo y rojo estacionados como si fueran automóviles, yacen esperando su turno para ir a pescar. Bien saben los trabajadores que en este momento salir será infructuoso, así que esperan vendiendo las pocas unidades que quedan, conversando con sus pares, o simplemente especulando sobre qué pasará con ellos y qué acciones tomarán más adelante.
La directiva de la Federación Nuevo Amanecer, -que agrupa a pescadores de Valparaíso, Higuerillas, Concón y San Antonio-, es presidida por Eduardo Quiroz, y fue la que movilizó a cerca de 150 pescadores el pasado lunes 20 en la arteria que une Viña del mar con Valparaíso, dejando el tránsito detenido por cerca de 15 minutos, lo que motivó un rápido actuar de fuerzas especiales de carabineros.
Los pescadores artesanales protestan por la extracción indiscriminada –según ellos- de los barcos de arrastre. Los que han dejado sin merluzas al mar, sumado a la presencia de un gran número de jibias, depredador del mismo pez.
La salida para ellos está en frenar el avance de estas grandes empresas, y darles tiempo a los peces para su reproducción, para así poder salir de este problema.
Jorge Pérez, Presidente de la Comisión de Rescate de Caleta Portales señaló que “en mis 30 años como pescador nunca antes había sucedido algo como lo que pasa hoy. Por otra parte no hemos recibido ninguna ayuda del gobierno, ni de la Intendencia. Hablar con ellos es como hablar con la pared”. Con evidente molestia y pena, don Jorge cuenta que centros de madres y centro de alumnos de algunas universidades se han acercado personalmente para ayudar.
¡A mil la pescá, fresquita la merluza! Se escucha a lo lejos una voz que grita para vender las pocas unidades que van quedando. Humberto Conejeros González ve con esperanza el futuro, “tenemos pocos peces, pero sé que esto se va a solucionar con el tiempo”, señala confiado en que pronto verán la luz de este túnel que ya lleva tres años a oscuras.
Por otra parte, se ve más allá a otro pescador, que las oficia de vendedor, de cocinero, y al más puro estilo de feria grita al público para que prefiera sus pescados. Los que son pequeños, pero que de diez unidades coloca en una bolsa para su venta. “Esto va dirigido principalmente a restaurante, ellos son los únicos que nos siguen prefiriendo”.
En el mismo local se encuentra comprando Juan Parra, dueño de un local de comida en Casablanca, y que viene a Valparaíso en busca de pescado, ya que su restaurante se especializa en la preparación de productos marinos. “Me afecta el tema de los pescadores, porque ahora me llevo muy pocas unidades y a un precio muy elevado”, señaló el micro empresario de la ciudad de los vinos. Luego, y muy enojado cuenta que “no hay que ser de ningún partido político para darse cuenta que nos están robando”, en clara alusión a las grandes empresas que se llevan la mayoría de las merluzas que escasean en la región.
Las horas corren y la gente no llega. En general todos concuerdan que los días lunes, martes y miércoles son bastante flojos en lo que respecta a ventas. Por lo que los botes, con pescadores en su interior tienen que seguir esperando. Entre bromas, fogatas, cigarros y vigilando que las gaviotas no se lleven los peces matan el tiempo, esperando que algún cliente venga a comprar lo poco que queda.
Caminando por la Caleta hay algo que asombra. Los nombres de los botes. “Alicia I”, “Juan Pablo”, “Victoria”, “Eduardito”. “Son los nombres de nuestros hijos”, señala Arturo López, pescador y dueño de un bote, del “Arturo II”, el que no sale a mar desde hace una semana.
Un triste camino refleja uno de los muelles. Solitario, sin la presencia de un pescador cerca, el mar golpea con sus olas. Las gaviotas vuelan alrededor. Se mueven entre la Caleta y el muelle, pero sin conseguir absolutamente nada.
El problema de pesca ya ha tomado otros ribetes. Ya no afecta solamente a trabajadores de mar de Valparaíso, sino que desde Coquimbo hasta la Décima Región están con la baja presencia de merluzas, motivo por el cual ha hecho organizarse a todos los sindicatos en busca de una solución.
Las ollas comunes son pan de cada día para cientos de pescadores nacionales. De alguna manera tienen que unirse para comer. “Ya ni para alimentarnos nos alcanza, no tenemos dinero para nada. El Banco se ha portado excelente conmigo, porque yo he pagado siempre. Pero esto no pasa con todos los pescadores”, señala angustiado Jorge Pérez.
Con todos estos antecedentes en contra, siempre hay algo bueno. Y eso bien lo sabe Pedro Vergara, el que orgulloso muestra una especie de biblioteca para la familia de pescadores, con computador y algunos libros este trabajador señala: “Con mucho esfuerzo y por medio de donaciones hemos abierto esta sala como biblioteca para que nuestros hijos tengan material de estudio. De hecho hasta universitarios han venido acá para conseguir información de la Caleta, realmente es un orgullo”.
Verdaderamente el problema es algo que ya sobrepasó el diálogo, y quedó demostrado el lunes pasado. Motivo por el cual ya se destinaron ayudas por parte del gobierno regional, el que destinará 100 mil pesos entre fondos de capacitación y canastas familiares para todos los pescadores. Sin dudas un problema que todos esperan que se solucione pronto, por el bien de la región y del país.

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